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Reseña – The Disciple (El Discípulo)

Bien dicen que la práctica hace al maestro y que todo esfuerzo tiene su recompensa. Pero, ¿qué sucede cuando has entregado los mejores años de tu vida persiguiendo un sueño que resulta imposible de alcanzar? ¿Será cierto que con ahínco y sacrificio se puede obtener el éxito? Quizá la combinación cósmica entre suerte y talento nato es la única clave para conquistar las metas, y cualquier otro compuesto resultará en un camino lleno de frustraciones y desdichas. Estas cuestiones son exploradas a fondo en The Disciple (El Discípulo), el segundo largometraje del director indio Chaitanya Tamhane (Court), un estudio casi meditativo sobre el difícil camino al éxito y la perfección, y la supervivencia de la música clásica en un país cuyas tradiciones parecieran irse occidentalizando.

Desde pequeño, Sharad (Aditya Modak) descubrió su pasión por la música gracias a las enseñanzas de su padre, un cronista de melodías tradicionales con una fallida carrera como cantante. A sus 24 años, el joven busca superar el camino recorrido por su progenitor, trabajando arduamente para perfeccionar su interpretación de ragas, cantos clásicos que demandan de extrema disciplina y fe. Bajo las estrictas pero sabias instrucciones de su maestro y gurú, interpretado por Arun Dravid (un cantante y exponente de la música clásica india en la vida real), el protagonista encuentra en éste no solo a un guía espiritual y musical para la mejora de su técnica vocal, sino también a una figura ejemplar de genialidad alcanzada a través de la práctica constante.

Cada noche, Sharad recorre las calles de Bombay a bordo de su motocicleta mientras escucha con atención las lecciones de Maai, una de las mejores intérpretes de música clásica quien prefirió llevar una vida de abstinencia y anonimato en lugar de una repleta de fama y dinero. Como fiel discípulo, el chico comprende que el camino a recorrer no será nada fácil. La búsqueda por alcanzar el éxito y la perfección requerirá de entrega y sacrificio, y al final es posible que lo único que obtenga sea una vida de soledad y pobreza. Pese a las advertencias, Sharad decide continuar luchando firmemente por su sueño. Sin embargo, al ir conociendo la verdad sobre sus ídolos musicales a quienes consideraba unos semidioses, y al ver su futuro reflejado en el de su propio gurú, su frustración lo llevará a reconsiderar las decisiones que ha tomado en su vida y a darse cuenta que, tal vez, la práctica no necesariamente hace al maestro.

The Disciple llegó a mi vida justo en un momento en el que atravesaba por los mismos conflictos y dilemas existenciales a los que se enfrenta su protagonista, y su reflexión tan contemplativa hizo que tomara ciertas decisiones con respecto a mi futuro como escritor. Al igual que Sharad, he vivido recientemente con la insatisfacción de no alcanzar mis metas pese al esfuerzo y perseverancia. Comparando mi trabajo con el de otros críticos, cayendo en el triste juego de competir por likes y reacciones, y sintiendo que todo lo construido se viene abajo ante el primer comentario negativo o rechazo. Comprendiendo que el éxito es una quimera y que, en ocasiones, la suerte juega un papel más importante que el mismo talento o la dedicación. Al final, cada quien es dueño de su vida, de sus propias decisiones, y de qué tanto está uno dispuesto a sacrificar en esa eterna búsqueda por cumplir sus metas. Es por ello que la secuencia final de la película es tremendamente desgarradora, aún en su ambigüedad, ya que uno ha pasado en ese momento en el que alguien (o algo) te hace recordar tus decisiones y los caminos que han quedado atrás.

Asimismo, la cinta presenta interesantes cuestiones sobre el mundo artístico, las cuales van desde el eterno conflicto entre el arte en el ámbito comercial, la idolatría hacia artistas cuya imagen pública dista mucho de quiénes son en privado, y la presunción de que mucha gente talentosa pasa desapercibida ante la falta de oportunidades o de un golpe de suerte. En relación a la música tradicional de India, el realizador y guionista hace hincapié en la importancia de preservar dichas costumbres y mantener un registro histórico de las mismas, ya que éstas parecieran estar en peligro de extinción ante la fusión de melodías clásicas con ritmos modernos fuertemente influenciados por las culturas occidentales.

Producida por el cineasta mexicano Alfonso Cuarón, The Disciple es una pequeña joya perdida en el inmenso catálogo de Netflix. Sus interludios musicales nos llevan a un estado de trance, la fotografía de Michal Sobocinski es sublime, sobre todo en esos montajes de motocicleta en slow motion, y la narrativa de Tamhane es profunda, honesta y reflexiva. Tal vez The Disciple no sea el filme adecuado para ver si uno está en busca de respuestas a sus dudas existenciales con respecto a su futuro profesional, pero si es uno que nos ayuda a poner en perspectiva los obstáculos que invariablemente enfrentaremos en ese camino por cumplir los sueños que nos hemos trazado.

Calificación: ****

Título original: The Disciple (El Discípulo)

Año: 2020

País: India

Dirige: Chaitanya Tamhane

Con: Aditya Modak y Arun Dravid

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