Adolescencia Sexo y Muerte en Campamento Miasma

Reseña: Teenage Sex and Death at Camp Miasma – Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma

Ficha de la película: Título original: Teenage Sex and Death at Camp Miasma. Título en español: Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma. Año: 2026. País: Estados Unidos, Canadá, Reino Unido. Duración: 112 minutos. Dirección y guion: Jane Schoenbrun. Reparto: Hannah Einbinder, Gillian Anderson, Jack Haven, Eva Victor, Sarah Sherman, Kevin McDonald y Patrick Fischler.

Por décadas, muchos han hallado en el cine de terror – y especialmente en el subgénero de los slashers – un consuelo a los verdaderos miedos que acechan a diario. Películas sangrientas y de bajo presupuesto que, sin imaginarlo, se han convertido en exitosas obras de culto gracias a su sentido queer implícito, comprendido tanto en los conflictos de sus protagonistas juveniles como en el origen de sus villanos enmascarados. Generación tras generación, dichos filmes han formado parte de un ritual de paso para todos aquellos que buscan respuestas en torno a su identidad y sexualidad. Fieles acompañantes en un complejo y solitario proceso de cuestionamiento y autodescubrimiento.

Para Kris (Hannah Einbinder), ese despertar ocurrió desde pequeña, cuando vio la cinta ochentera Camp Miasma por primera vez en formato VHS. Una obra ficticia de terror al mero estilo de Friday the 13th y Sleepaway Camp. Desde entonces, ha habido una escena en particular que no ha podido borrar de su mente: la de la protagonista y final girl Billy Presley mirando fijamente a la cámara mientras encara a Little Death, el antagonista cuya máscara es una rejilla de ventilación, y hace la paces con su inevitable destino. Una expresión que, además de cautivarla, le ha servido de inspiración en su carrera profesional como directora de cine independiente.

Luego del aclamo crítico obtenido en Sundance con su ópera prima, la realizadora de 29 años ha sido contratada por un importante estudio cinematográfico de Hollywood para resucitar la franquicia que marcó su vida. Sin embargo, la decimoquinta entrada del universo de Camp Miasma será muy distinta al resto de las secuelas e insulsos reboots que le preceden. Conscientes de que algunas subtramas de la película original no han envejecido con gracia, los ejecutivos han solicitado a la protagonista una versión moderna y políticamente correcta que explore el origen del villano, Little Death. Una reinterpretación que no sea solamente una ofrenda de carne y fluidos para los fanáticos, sino un profundo estudio sobre la identidad de género del personaje antagónico.

Kris está convencida que la única manera de reiniciar la saga es trayendo de vuelta a la mismísima Billy Presley (Gillian Anderson), quien dejó el mundo de la actuación tras su debut en la pantalla grande. La ex-actriz, con aires de Norma Desmond en Sunset Boulevard, vive reclusa en las instalaciones del campamento donde se rodó la primera película de la serie, cerca de la frontera entre los Estados Unidos y Canadá. «Alguien tiene que estar aquí cuando regrese Little Death», le confiesa a la directora tras conocerse, en un tono siniestro pero a la vez juguetón.

La protagonista ha viajado hasta el gélido y aislado lugar con la misión de convencer a la intérprete de regresar a los reflectores. Billy, por su parte, está más interesada en establecer una conexión íntima con Kris. Entre largas charlas, mientras degustan un pollo frito y comparten un placer culposo por las golosinas, ambas revelan secretos sobre su vida sexual que jamás habían exteriorizado. A pesar de la brecha generacional y las distintas experiencias que han ido acumulando a través de los años, las dos hallan en sus confesiones un inesperado paralelismo en la naturaleza de su deseo, con el cine siendo el común denominador de sus miedos y sus pasiones.

Desde la extraordinaria secuencia inicial, la cual muestra el ascenso y la caída de la franquicia de terror a través de varios objetos de colección al ritmo del cover de Nightswimming de R.E.M., interpretado por Okay Kaya, Teenage Sex and Death at Camp Miasma (Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma) nos conduce por un delirante y nostálgico viaje que subvierte las expectativas de los slashers mientras rinde un merecido homenaje a dicho subgénero cinematográfico por su carácter formador. Un relato cargado en alegorías y bañado en borbotones de sangre que es una entrañable carta de amor al cine de espantos, hecha por alguien que entiende su importancia, no solo como parte de la cultura popular, sino también en el despertar queer de muchas personas.

Jane Schoenbrun continúa forjando una trayectoria detrás de cámaras que se distingue del resto de sus colegas por su originalidad y audacia. Al igual que lo hizo en su cinta previa I Saw the TV Glow, la directora nos entrega una obra muy personal y con corazón millenial que explora cómo el entretenimiento que solíamos consumir en los años noventa se ha encargado de moldear nuestra identidad. «Vi demasiadas películas en mi infancia y eso realmente me jodió», expresa Kris en un punto de la cinta, un personaje que funciona como un avatar de Schoenbrun y que, por medio de ella, afronta sus temores más íntimos con arrojo y sinceridad.

Las actrices Hannah Einbinder y Gillian Anderson realizan una mancuerna de lujo, y el filme les concede a ambas la oportunidad de salir de su zona de confort. Einbinder, a quien conocemos principalmente por su hilarante trabajo en la serie televisiva Hacks, impresiona por su versatilidad interpretativa, mientras que Anderson ofrece uno de los papeles más icónicos de su carrera. Un personaje enigmático, envuelto en excéntricos vestuarios, que utiliza su experiencia para guiar a su coprotagonista a través de un viaje introspectivo. El choque de dos almas gemelas, unidas por una misma experiencia que ha marcado la vida de cada una de ellas de forma completamente opuesta.

Aunque el tercer acto de Teenage Sex and Death at Camp Miasma se torna un tanto autorreferencial hasta caer en la opacidad narrativa, su mensaje central es más que transparente a lo largo del filme: la consumación del deseo sexual y la búsqueda de ese elusivo clímax que pareciera solo existir en el séptimo arte. Little Death es, después de todo, un modismo francés que hace referencia al orgasmo. En la cinta, dicho estado de satisfacción plena no solo resulta inalcanzable para la protagonista, sino que también es una fuente de frustración y vergüenza. Para la comunidad queer, sobre todo quienes crecieron en los años ochentas y noventas, el miedo en torno al sexo estuvo ligado con la epidemia del VIH. Un monstruo siempre al acecho que inculcó pavor e hizo que una generación viviera intimidada al experimentar esos breves segundos de goce.

Con una fotografía alucinante, un diseño de producción magnífico que incluye fondos pintados sobre vidrio y un cautivador score compuesto por Alex G, Teenage Sex and Death at Camp Miasma es una película de terror como ninguna otra. Un slasher que sale de lo convencional y brilla por su inventiva narrativa y visual para demostrar que aún existen maneras de reinventar un estilo de cine que, en ocasiones, pareciera haberse quedado estancado sin ideas frescas.

Alegórica, campy y sumamente reflexiva, Teenage Sex and Death at Camp Miasma lidia también con el problemático legado de algunas de las franquicias de horror más queridas por el público, reivindicando un género cuyo subtexto ha sido – y continuará siendo – inextricablemente queer.

Fecha de estreno

Teenage Sex and Death at Camp Miasma (Adolescencia, Sexo y Muerte en Campamento Miasma) está exhibiéndose en cines de Estados Unidos y México a partir del 14 de agosto del 2026.

Calificación

(3.5 estrellas de 4)

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