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Reseña – Licorice Pizza

El año es 1973. Nixon acaba de asumir su segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos, uno que llegaría a un abrupto final unos meses más tarde, tras verse envuelto en el escándalo conocido como Watergate. Y mientras las negociaciones de paz del controvertido conflicto bélico en Vietnam siguen su curso, una grave crisis de combustible ha provocado la escasez y el encarecimiento de la gasolina alrededor del mundo. No obstante, para Gary Valentine (Cooper Hoffman), un precoz adolescente que cursa la preparatoria en la región del valle de San Fernando en Los Angeles, su única preocupación es ganarse el corazón de Alana Kane (Alana Haim), la chica de sus sueños. Una joven con quien ha jurado casarse algún día. Y si se trata de promesas, Gary es una persona dispuesta a luchar y perseverar hasta haber alcanzado sus metas.

A sus veintitantos años, Alana aún no tiene la más remota idea de qué es lo que hará con el resto de su vida. Navegando sin compromiso entre distintos trabajos hasta encontrar su verdadera vocación, la chica termina ayudando como asistente de un fotógrafo de la localidad, quien ha sido contratado para retratar a los estudiantes de preparatoria para su anuario. Es ahí, entre el bullicio de los púberes que han formado una fila kilométrica, que la protagonista y el inmaduro, pero seguro si mismo, galán dan inicio a una alocada e insólita amistad. Por un lado, Gary se siente atraído hacia Alana por la seguridad que ésta proyecta, su sentido del humor tan irónico, y la sabiduría que ha ido cosechando a través de los años. Por el otro, la joven siente una extraña conexión hacia éste a pesar de la marcada diferencia de edad, y admira su determinación y su espíritu emprendedor.

Como toda relación amistosa, Alana y Gary tienen sus altas y sus bajas. Un día corren juntos por las soleadas calles de Encino, gozando plenamente de esa libertad que les da su juventud, y a la mañana siguiente, ambos deciden tomar caminos separados con tal de encontrar ese algo que los haga sentirse completos. Mientras Gary deja a un lado su carrera como actor de televisión para enfocar su energía en un par de negocios que él mismo ha ideado, Alana decide apoyar a la comunidad como parte de la campaña política de Joel Wachs (Benny Safdie). Sin embargo, el par tan peculiar pronto se dará cuenta que la amistad que los une es algo imposible de reemplazar.

En Licorice Pizza, el aclamado realizador americano Paul Thomas Anderson (Phantom Thread, There Will Be Blood) nos transporta a una época llena de importantes cambios y cuestionamientos para desarrollar una divertida y conmovedora historia coming of age, vista desde dos ángulos completamente opuestos. Un relato de crecimiento y de grandes aprendizajes para sus dos protagonistas quienes, a pesar de encontrarse atravesando por distintas etapas en sus vidas, terminan dándose cuenta que sus sueños, sus preocupaciones, y sus anhelos son exactamente los mismos a los del otro, y a los del resto de una nación en plena crisis de identidad. Un periodo que refleja marcados contrastes entre lo clásico y moderno, y lo conservador y liberal.

Desde sus primeros minutos, Anderson nos atrapa con sus punzantes diálogos, su fantástico control de cámara, y una cuidadosa producción que sobresale en distintos rubros: un soundtrack de ensueño, música (a cargo de Jonny Greenwood), vestuario, fotografía y edición. A ello hay que añadirle el extraordinario trabajo de sus dos actores protagónicos, dos de las grandes revelaciones del 2021. Cooper Hoffman, hijo del fallecido actor y colaborador favorito del director, Philip Seymour Hoffman, demuestra su gran porte, presencia y carisma. Pero quien termina robándose el filme de principio a fin es Alana Haim, integrante del trío musical que lleva su apellido, quien ha trabajado con PTA en varios videos musicales. Haim derrocha talento, energía y demasiada naturalidad al interpretar de forma tan despreocupada y fluida a un personaje tan complejo y lleno de matices.

Si bien la película divaga un poco durante su acto central, ésta jamás pierde el dinamismo ni la atmósfera. Actores veteranos como Sean Penn y Bradley Cooper tienen breves pero hilarantes participaciones secundarias que ayudan a mantener el ritmo cómico a través del metraje de 133 minutos de duración. Aunque su título, Licorice Pizza, hace referencia a un disco de acetato, muy común en la época de los años setenta, éste podría ser también una alusión a la combinación tan inusual entre Alana y Gary. Una pareja tan descabellada como la simple idea de poner dulce de regaliz en una tarta de queso y tomate.

Con una secuencia final que no solo es una de las mejores del año, sino también una que seguramente se convertirá en un entrañable y romántico referente cinematográfico para todo amante del séptimo arte, Licorice Pizza es una de las películas más ligeras y accesibles de la filmografía de PTA, y también una de las mejores comedias del 2021. Un relato coming of age que explora el género desde una perspectiva diferente y que, a pesar de mantenerse apartado de sentimentalismos, consigue envolvernos en su vibrante atmósfera retro, sus diálogos tan mordaces y sus excepcionales actuaciones, llegándonos justo al corazón. Un triunfo rotundo.

Licorice Pizza estrena en cines de Estados Unidos a partir del 25 de diciembre del 2021.

Título original: Licorice Pizza

Año: 2021

País: Estados Unidos

Dirige: Paul Thomas Anderson

Con: Alana Haim, Cooper Hoffman, Benny Safdie, Sean Penn y Bradley Cooper

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