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Reseña – C’mon C’mon (Siempre Adelante)

«¿No voy a recordarlo?» pregunta melancólico el pequeño Jesse a su tío Johnny, en referencia al tiempo que han pasado juntos durante las últimas semanas recorriendo las calles de Nueva York, grabando los sonidos mundanos de la ciudad como si fueran grandes tesoros, y aprendiendo uno del otro. Memorias que quedarán enterradas en la mente del chico de 9 años, y que probablemente vayan esfumándose con el paso del tiempo. «Yo te recordaré todo», le responde éste con firmeza. Una sincera promesa que jamás le hará olvidar quién es y de dónde viene por el resto de su vida.

Hace un mes, me encontraba platicando con mis sobrinos sobre aquella navidad que pasamos juntos en Seattle en el 2019, y me sorprendió que algunos momentos que aún permanecen frescos en mi mente, para ellos son ahora vagos recuerdos de un pasado lejano. De inmediato, me remonté a mi infancia para revisar las memorias que aún guardo de esos enormes festejos decembrinos en casa de mis abuelos. ¿Habrá instantes que mis tíos atesoran con gran cariño que quizá yo haya olvidado por completo? «Olvidamos todo», menciona Johnny al referirse a los adultos. Crecemos, aprendemos, tropezamos, y nos volvemos a levantar. Llenamos nuestras cabezas de problemas, miedos e inseguridades, que acabamos desplazando aquellas memorias de felicidad y despreocupación que forjaron nuestras personalidades.

En C’mon C’mon (Siempre Adelante), el director americano Mike Mills (Beginners, 20th Century Women) torna nuevamente la mirada hacia el núcleo familiar para explorar las responsabilidades de los adultos en la educación y el cuidado de los menores de edad, cuestionando constantemente la definición de lo normal y, sobre todo, mostrando que «está bien no estar bien». Al centro del relato encontramos a Johnny (Joaquin Phoenix), un documentalista que, entre estar obsesionado con rememorar el pasado que ha capturado en audio y vivir consternado por la incertidumbre del futuro, ha perdido la capacidad de disfrutar el momento presente. No obstante, su percepción de la vida cambiará drásticamente al convertirse en el guardián temporal de Jesse (Woody Norman), su sobrino de 9 años de edad.

Tras varios años de distanciamiento, el protagonista decide poner en pausa su proyecto profesional, y hacer a un lado las rencillas y malos entendidos, para viajar a la ciudad de Los Angeles y apoyar física y emocionalmente a su hermana Viv (Gaby Hoffmann), quien está atravesando por una difícil crisis familiar. Dispuesta a mantener a su hijo aislado de los problemas y las preocupaciones del mundo adulto, Viv deja al pequeño bajo el cuidado de Johnny, quien hasta el momento había sido un completo extraño en sus vidas. Aunque al principio las excentricidades de Jesse resultan incomprensibles para su solitario tío, poco a poco éstas van convirtiéndose en el lazo que los une, permitiéndoles abrir su corazón y compartir sus sentimientos y vulnerabilidades.

La fotografía en blanco y negro y el score a cargo de Aaron y Bryce Dessner de la banda musical The National ayudan a crear una genuina atmósfera de melancolía y nostalgia, pero también de calidez y esperanza. A ello hay que sumarle el increíble trabajo del elenco, iniciando por Joaquin Phoenix quien brinda una de las actuaciones más tiernas y conmovedoras de su carrera. A pesar de su corta edad, Woody Norman consigue ponerse a la altura del ganador del premio Oscar y ofrece también una entrañable interpretación. Mientras que Gaby Hoffmann, a quien hemos visto en años recientes en series televisivas como Girls y Transparent, impulsa el relato con la sabiduría y la madurez emocional de su personaje.

Ya sea al explorar el rol incomprendido de las madres, o lo complejo que es educar a un hijo sin tener a veces idea de cómo reaccionarán estos pequeños seres humanos, Mills lo hace de forma honesta y reflexiva. Parte de ello se debe también a la inclusión de breves segmentos a lo largo del filme, en los cuales el personaje de Phoenix entrevista a niños de varias partes de los Estados Unidos sobre su idea del futuro, que aportan autenticidad gracias a su naturaleza de no ficción. Asimismo, esta idea de documentar la vida a través de imágenes y sonidos, algo propio del cine en sí, nos habla sobre esa fascinación humana por evadir el orden natural y hacer que las memorias perduren para la posteridad.

C’mon C’mon es un filme que nos abraza con su calidez y ternura, y que nos enseña no solo a atesorar recuerdos, sino también a vivir el presente. A aprender a escuchar a los demás, a conectar con nuestra familia, y a dejar de preocuparnos en qué cosas habremos olvidado en el futuro, o cuáles serán los momentos que recordaremos con cariño. Al final lo que permanece es la experiencia de dichas vivencias. Así como en mi caso, tal vez ya haya olvidado cada uno de los detalles de aquellas navidades de mi infancia, aún me queda el sabor de la alegría, del amor desinteresado, y de esa fraternidad que aún llevo en mi interior. Eso es lo que verdaderamente importa, más que el valor de cualquier fotografía o video.

C’mon C’mon continúa exhibiéndose en cines de Estados Unidos y está disponible a la venta en formato digital a través de varias plataformas de VOD (Video On Demand).

Título original: C’mon C’mon (Siempre Adelante)

Año: 2021

País: Estados Unidos

Dirige: Mike Mills

Con: Joaquin Phoenix, Woody Norman y Gaby Hoffmann

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