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Reseña – The Goldfinch (El Jilguero)

Cualquier decisión que tomamos, por más pequeña que ésta sea, es capaz de cambiar radicalmente el rumbo de nuestra vida. Por ejemplo, imaginen qué pasaría si esta mañana hubieran salido de casa un minuto después. Su día hubiera sido completamente distinto. Tal vez hubieran encontrado al amor de su vida, o quizá hubieran sido partícipes de un terrible accidente. La vida cambia en un breve instante, y cada acción que emprendemos va forjando nuestro destino.

Para el adolescente Theo Decker, la vida jamás volvió a ser la misma desde aquella fatídica tarde en el Museo Metropolitano de Arte en Nueva York. Theo había sido amonestado en el colegio y el director había solicitado charlar con su madre sobre su mal comportamiento. Antes de dirigirse al instituto, ambos decidieron perder un poco de tiempo en el museo, observando las piezas de arte que su madre tanto admiraba. Mientras el chico se encontraba en una de las galerías frente a la obra The Goldfinch del pintor holandés Carel Fabritius, una fuerte explosión sacudió el recinto. Theo, quien fue expulsado varios metros por la furia de la detonación, se levantó en medio de una densa nube de cenizas y un mar de gente fallecida. Entre ellos, su madre. En pleno estado de shock, el joven abandonó el museo rápidamente, no sin antes llevar consigo el cuadro – aún intacto – de Fabritius.

Basada en la novela ganadora del premio Pulitzer, escrita por Donna Tartt, The Goldfinch (El Jilguero) nos presenta un relato sobre el destino, el amor y la culpa que a veces cargamos en nuestro interior y que nos impide vivir en paz. John Crowley, director de la cinta nominada al Oscar Brooklyn, es quien se encarga de trasladar esta aclamada adaptación literaria a la pantalla grande.

Luego de la tragedia, la familia Barbour abre amablemente las puertas de su casa a Theo. La señora Barbour (Nicole Kidman) se convierte en una pieza importante en la vida del adolescente, ayudándole a sobrellevar la carga emocional y los episodios depresivos tras la pérdida de su madre. Sin embargo, su estancia en el hogar de esta acaudalada familia de Nueva York será breve, ya que su padre, a quien tenía años sin ver, re-aparecerá en su vida para llevárselo a vivir a Las Vegas. Ahí, el joven encontrará un mundo de vicios que le ayudarán a encontrar un escaparate temporal a sus problemas, antes de recapacitar y emprender su viaje de retorno a la Gran Manzana.

The Goldfinch guarda ciertos paralelismos con la historia de la pintura de Fabritius, la cual data de 1654. El pintor de la obra murió ese mismo año en una explosión que destruyó por completo su estudio en Amsterdam, pero que de forma milagrosa dejó intactas una docena de retratos, entre ellas The Goldfinch. En la pintura se aprecia un pequeño jilguero color marrón posado sobre un comedero. Una de sus patas se encuentra atada por una cadena, robándole su libertad. No sólo encontramos similitudes entre la suerte de Theo y el cuadro, sino también en la imagen plasmada en la obra. El joven se ha convertido en ese jilguero atado a sus culpas, incapaz de volar y ser libre.

Pese a las buenas intenciones de Crowley y del reparto de la cinta, el cual incluye a Ansel Elgort, Luke Wilson y Sarah Paulson, The Goldfinch es una gran decepción. Una historia fragmentada e incoherente que no se beneficia en lo absoluto por su estructura narrativa en orden no cronológica. Esta decisión hace que el tono de la película sea inconsistente y que las transiciones sean demasiado abruptas. Por ejemplo, de una escena dramática entre Theo adulto y la señora Barbour, pasamos inmediatamente a una situación cómica entre Theo adolescente y su amigo de escuela Boris que no guarda relación alguna con la escena previa.

Dado lo extenso de la obra original, es probable que la historia de The Goldfinch hubiera funcionado mejor como una mini serie limitada. A pesar de sus dos horas y media de duración, algunos personajes secundarios carecen de definición y varias situaciones resultan incomprensibles para quienes no estén familiarizados con la novela de Tartt. Uno de los momentos más inauditos es cuando Theo recibe varios golpes de su padre. Antes de dicha escena, la película jamás había mostrado a Larry (Luke Wilson) como alguien violento, y la relación entre éste y su hijo había sido retratada de forma cordial. Esa constante falta de contexto entre secuencias resulta problemática y desconcertante.

Nicole Kidman y Jeffrey Wright, quien encarna al dueño de una tienda de antigüedades en Nueva York, brindan las actuaciones más convincentes y sólidas de la película. El resto del elenco, aunque bien intencionado, pareciera estar en distintas frecuencias. Hay varias interpretaciones que rayan en la exageración, mientras que otras se sienten forzadas y acartonadas.

Desafortunadamente, el mensaje tan poderoso de The Goldfinch termina perdiéndose ante la complejidad que Crowley y compañía inyectan innecesariamente al relato a través de su inusual estructura narrativa y del trabajo de edición. Una cinta vacía y carente de emoción que desaprovecha terriblemente el talento de su elenco y la magia del material literario.

Calificación: * 1/2

Título original: The Goldfinch (El Jilguero)

Año: 2019

País: Estados Unidos

Dirige: John Crowley

Con: Ansel Elgort, Oakes Fegley, Nicole Kidman, Luke Wilson, Sarah Paulson y Jeffrey Wright

 

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