Y el Oscar es para La La Land. No, un momento… ¡Moonlight!

Lo que sucedió al final de la entrega número 89 de los premios de la Academia aún me tiene en completo estado de shock. Sin duda, el error más grande que haya existido jamás en las casi nueve décadas de existencia de esta ceremonia: un titubeante Warren Beatty le cede la palabra a su co-presentadora Faye Dunaway para que anuncie al filme ganador del máximo galardón de la noche: La La Land. Los aplausos retumban en el Dolby Theater de Los Angeles, el equipo del musical sube al escenario y los productores están agradeciendo al público. Cuando de repente se empieza a ver un extraño movimiento detrás de ellos, Jimmy Kimmel y Warren Beatty regresan al escenario y de pronto todos estábamos compartiendo el mismo grado de confusión.

Los productores de La La Land anuncian que perdieron, que no se trata de alguna broma, y que el verdadero ganador de la noche es Moonlight. Todos se quedan con la boca abierta (incluidos nosotros). El host de la noche, Jimmy Kimmel, intenta salvar el momento y Beatty reaparece en el escenario para explicar lo que sucedió: supuestamente le entregaron el sobre de Mejor Actriz y pues como decía Emma Stone por La La Land, pues por eso Dunaway mencionó el nombre de la cinta como la ganadora.

Sea cual haya sido el motivo de dicha confusión, hay varias cosas que explicar. Primero, hay que celebrar el merecido triunfo de Moonlight. Un digno ganador de la estatuilla dorada que terminó llevándose a casa un total de tres preseas, incluyendo Mejor Guión Adaptado y Mejor Actor de Reparto para Mahershala Ali. Y hay que celebrar porque desafortunadamente, lo que debió haber sido un momento de gloria para sus productores y para todo el equipo de esta producción se vio cruelmente opacado por el supuesto error de logística. Este era un momento histórico para los Oscares. Era la oportunidad de re-escribir la historia de los premios, de reinvindicarse del #OscarsSoWhite del año pasado,  de darle un golpe duro al mensaje de odio propagado por el Presidente del país, de premiar una producción de apenas 1.5 millones de dólares de presupuesto que se impuso por encima de costosos trabajos de estudio. De celebrar justamente a uno de los nuevos clásicos americanos, y celebrar con ello el talento de su director Barry Jenkins, del escritor de la obra original Tarell Alving McCraney, del equipo técnico y de su gran reparto. Es una verdadera lástima que el momento que pudo haber redefinido a la Academia terminara en uno de los más catastróficos y embarazosos escenarios. Así que por ello decimos: ¡Felicidades Moonlight! Un honor bien merecido que esperemos sea recordado por su logro y no por semejante zafarrancho.

Ahora bien, hay cosas que aún no me cuadran perfectamente. Y no es con el afán de estar creando conspiraciones pero hasta pareciera que todo se pudo haber tratado de un montaje con el fin de hacer la ceremonia de los Oscares más relevante a las nuevas generaciones. Si ese era el objetivo, pues sí, lograron por un momento que la gente se volcara a las redes sociales para hablar de lo sucedido, pero en el largo plazo, esto va a afectar a la Academia en el aspecto del que más padece: credibilidad. Toda credibilidad se vino abajo al ver cómo un show de estas proporciones tuviera un problema de logística tan grave, y principalmente al tratarse del máximo galardón de la ceremonia. Sí, todos somos humanos y cometemos errores, pero aquí hay todo un equipo detrás de la producción, que ensaya y se prepara durante semanas para evitar que situaciones como éstas sucedan.

Finalmente está Warren Beatty, a quien casi casi lo andan crucificando en las redes sociales. Lo que me extraña de alguien tan veterano en Hollywood como Beatty, que sabe como funciona el juego de los Oscares, haya optado por seguir con la entrega del premio luego de percatarse que el sobre que recibió estaba equivocado. ¿Por qué no poner un alto a la ceremonia y admitir que hubo un error con el sobre que le dieron? ¿Por qué, si titubea tanto, decide pasarle la estafeta a Dunaway, y literalmente aventarla debajo del autobús (como coloquialmente se diría en los Estados Unidos)? Esto es lo que hace que toda su “explicación” no tenga mucho sentido. Tal vez los nervios lo traicionaron, tal vez no supo como reaccionar rápido. Nunca lo sabremos con certeza. Lo que si es que el manejo de la situación por su parte fue muy pobre.

Esperemos tener más información al respecto el día de mañana, y junto con ello compartiremos con ustedes nuestros mejores y peores momentos de la entrega de premios. Mientras tanto, continuamos celebrando la gran hazaña de Moonlight. Una enorme victoria para su estudio de distribución A24, quien en un par de años se ha posicionado como el rival más fuerte de los grandes estudios cinematográficos de Hollywood.

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