Reseña: Resurrection

Ficha de la película: Título original: Kuang ye shi dai. Título en inglés: Resurrection. Año: 2025. País: China, Francia, Estados Unidos. Duración: 160 minutos. Dirección y guion: Bi Gan. Reparto: Jackson Yee, Shu Qi, Jue Huang, Gengxi Li y Mark Chao.

En un mundo donde las personas han perdido la capacidad de soñar, solo unos cuantos se atreven a cerrar los ojos para echar a volar su imaginación. Dichos individuos, conocidos como «Fantasmers», están en peligro de extinción, ya que cada vez que estos deciden abrir el portal hacia su propio subconsciente, su vida se vuelve más corta. Un alto costo que pocos están dispuestos a pagar. Su rareza los ha convertido en monstruos, parias de la sociedad que han hallado en la fantasía el antídoto ideal para escapar de la cruel realidad que les rodea. A principios del siglo 20, en el entonces Imperio Chino, una fotógrafa, interpretada por la reconocida actriz Shu Qi, se ha dado a la tarea de buscar una de estas inusuales criaturas. Su investigación exhaustiva la ha conducido directamente hasta uno de estos engendros (Jackson Yee), un encuentro filmado al mero estilo del Expresionismo Alemán, característico del cine mudo de la época. Entre luces y sombras, la protagonista es incapaz de hacerle daño a la bestia. Al contrario, ésta decide reemplazar el rollo de película en celuloide que ocupa el lugar de sus entrañas y lo lanza a través de un viaje cósmico, traspasando tiempo y espacio, pero llevando siempre consigo la magia del séptimo arte. La alegoría de una industria en constante transmutación que, a pesar de pender de un hilo, se rehusa a dejar de soñar y a apagar esa luz incandescente que nos reúne religiosamente en la oscuridad de la sala de cine.

Tal es la premisa de Resurrection, el cuarto filme del realizador chino Bi Gan (Kaili Blues, Long Day’s Journey Into Night), un relato laberíntico y en ocasiones impenetrable que hechiza con su maestría técnica desde sus primeros minutos. Una experiencia cinematográfica que evoca los cinco sentidos y que nos muestra no solo la evolución del cine durante un periodo de 100 años, sino también los cambios políticos, económicos y sociales de la nación asiática. Un ejercicio visual y narrativo que juega con distintos géneros y estilos a través de seis segmentos, todos ellos sin conexión argumental, pero unidos implícitamente por el poder del séptimo arte. Un homenaje que además de admirar el pasado, nos muestra el potencial que sostiene el futuro: de historias audaces que desafían toda convención y que poseen la habilidad para transportarnos de lleno a mundos fascinantes que nos inviten a olvidarnos de la realidad.

Del cine silente, la película nos lleva hasta los primeros años de la República de China en un tributo al cine noir. Una viñeta con referencias a David Lynch donde el protagonista – el monstruo del segmento inicial – se convierte en el sospechoso principal de una encrucijada red de espionaje. Entre espejos que distorsionan la verdad y el constante redoble de las bombas, el sueño del cine se transforma en una pesadilla inaccesible y experimental donde el estilo se sobrepone a la sustancia. De ahí, Resurrection cambia de forma a una fábula espiritual. En medio de los escombros de un antiguo templo, un grupo de hombres saquea los últimos vestigios de un pasado glorioso. Por la noche, la estatua del dios de la amargura cobra vida, cuestionando la moralidad de uno de los ladrones. Una historia con referencias culturales y simbolismos religiosos que quizá resultarán difusos para una audiencia internacional, pero que no impiden interpretar dicha anécdota como un reflejo de un país tratando de reconstruirse entre las ruinas sin el mismo compás moral de sus antepasados, así como de la evolución del cine a uno con fines didácticos, aleccionadores e incluso propagandísticos.

Posteriormente la cinta se torna cálida, con una estética particular de los crowdpleasers de la segunda mitad del siglo anterior. Ahora vemos una China en desarrollo, pero de grandes contrastes. De gente con alto poder adquisitivo, mientras otros se hunden en la pobreza. En este segmento, un hombre endeudado recluta a una pequeña sin familia para hacerse pasar por su hija y estafar a uno de los hombres más ricos de la ciudad. Una viñeta divertida y conmovedora que muestra la evolución del cine a uno para el entretenimiento de las masas. Por último, la historia brinca hasta el último día de 1999, mientras seguimos a dos jóvenes amantes deambular por un mundo oscuro controlado por un grupo de vampiros mafiosos. Un relato violento y desolador presentado en un solo plano secuencia, un sello característico de Gan, que compara al cine con el poder eterno que tienen los chupasangres, y que además muestra un balance exquisito entre forma y contenido. Una visión desesperanzadora del país en vísperas del nuevo milenio.

Resurrection no solo fue una de las experiencias cinematográficas que más disfruté durante la edición 78 del Festival de Cannes. También ha sido una de las contadas veces en las que he estado dentro de un cine, completamente embebido, sabiendo que estoy presenciando algo insólito, revolucionario. Jamás había visto algo tan intrépido y a la vez tan cautivador en la pantalla grande como lo que Bi Gan propone y consigue hacer realidad a través de 160 minutos. Desde su cuadro inicial hasta su luminoso epílogo, no podía quitar la mirada al observar cómo todas las piezas van embonando, a pesar de lo disímiles que éstas son. A veces se siente como un sueño febril, en otras como una impetuosa fantasía. Un viaje que requiere de múltiples recorridos para estudiarlo meticulosamente. Siempre imaginativa, Resurrection confirma que el cine, a sus más de 100 años, continúa manteniendo la llama viva. Ese monstruo inmortal que, a pesar de que algunos intentan censurarlo y otros buscan extinguirlo por completo, nunca perderá esa magia para conjurar sueños que nos inviten a escapar, a reflexionar, a reír o llorar. A saber que dentro de esa sala oscura de cine siempre encontraremos una luz que alimente nuestro ingenio y espíritu.

Resurrection formó parte de la Selección Oficial de la edición 78 del Festival de Cannes, efectuada del 13 al 24 de mayo del 2025.

(4 estrellas de 4)

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