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TIFF18: Reseña – Capernaum

Capernaum es el tercer largometraje de la directora libanesa Nadine Labaki (Caramel, Where Do We Go Now?), el cuál fue recibido ante grandes elogios en la edición pasada del Festival de Cannes, donde terminó llevándose el Premio del Jurado (considerado por muchos como el tercer lugar de la competencia). Su título no hace referencia al pueblo bíblico ubicado en Israel, sino al significado de dicha palabra en francés: un lugar de caos y desorden. Labaki nos lleva hasta las ruidosas calles de Beirut, la capital de Líbano, para mostrarnos la cruda realidad de un grupo de personas que son invisibles ante la sociedad y el gobierno.

Zain es un pequeño que ni siquiera sabe cuantos años tiene. Sus padres jamás lo registraron al nacer, por lo que no existe un documento o una tarjeta de identificación que compruebe que éste es de origen libanés. Al inicio de la cinta, un médico que revisa al menor estima que tiene 12 años. Pese a su corta edad, Zain se encuentra purgando una condena en prisión por haber acuchillado a una persona. Sin embargo, la razón por la cuál el chico se encuentra parado frente a un juzgado no está relacionado con el crimen que cometió. Al contrario, Zain es el afectado en el caso. ¿Los demandados? Sus propios padres. ¿El motivo? El haberle traído al mundo en condiciones de pobreza extrema.

A partir de este juicio, la película hace un brinco al pasado que nos permite conocer a más detalle la vida del menor. Durante el día, Zain reparte su tiempo como ayudante del dueño de una tienda de abarrotes, y como fabricante de drogas junto a su madre y sus hermanos. Asimismo, se encarga de proteger a su hermana menor Sahar, quien pese a su corta edad y a la oposición de Zain, es vendida en matrimonio por sus propios padres. Lleno de ira, e incapaz de salvar a su hermana de su fatídico destino, el jovencito decide huir de casa. Por azares del destino, éste cruza su camino con Rahil, una migrante proveniente de Etiopía que busca brindarle un mejor futuro a su pequeño hijo. Rahil ofrece a Zain un techo donde dormir y alimento a cambio de cuidar a su primogénito mientras ésta trabaja en un parque de diversiones.

Valiéndose del trabajo de actores no profesionales, Nadine Labaki consigue dar un tremendo toque de realismo a la historia. La actuación del pequeño Zain Al Rafeea es más que sensacional, y éste consigue cargar con el peso dramático de la cinta a pesar de tratarse de su primer papel en cine. En Capernaum somos testigos del crudo viaje del protagonista, quien debe enfrentar una serie de obstáculos difíciles con tal de sobrevivir en una sociedad que lo ha convertido en un completo ser inexistente.

Desafortunadamente, estos aciertos pierden fuerza ante el tono extremadamente melodramático (e incluso manipulador) con el que Labaki busca que el público conecte con la historia presentada en el filme. Llega un punto en el que el espiral de miseria del protagonista se siente demasiado chantajista. Cada tragedia retratada solamente existe para generar culpa y compasión en el espectador, y no tanto para que la historia avance. El conflicto de Rahil, el cual sirve para mostrar la otra cara de las personas sin identificación que viven en el país, se siente como un forzado e innecesario recurso para provocar mayor conmoción.

Sin embargo, la principal problemática de la cinta radica en su mensaje. El argumento del pequeño protagonista en la corte apoya la noción que los pobres no deberían traer hijos al mundo. Solamente aquellos que tengan la solvencia económica suficiente deberían tener el privilegio de ser padres y por ende, evitar mayores problemas sociales. Aunque el mensaje es insertado sutilmente, y probablemente quede enterrado entre la serie de desgarradoras tragedias que enfrenta el protagonista, es importante hablar de ello. Entiendo la postura de la directora desde la perspectiva de los pequeños, quienes piensan que no deberían estar pagando por las malas decisiones de sus padres. No obstante, considero que nadie posee la autoridad moral para decidir quien puede o no procrear. Sobretodo de privar de algo tan especial que es la paternidad y la maternidad por el simple hecho de no tener los medios económicos suficientes.

Definitivamente Capernaum es una película cuyo mensaje se prestará al debate y que posiblemente dividirá opiniones. En nuestro caso, aún consideramos que la cinta posee un alto valor cinematográfico, especialmente al presentar voces con poca o nula representación en el cine, y al introducir a nuevos talentos frente a las cámaras. Asimismo, Nadine Labaki ofrece una perspectiva única y muy diferente a los conflictos y temas que aquejan a los países del Medio Oriente, algo que la distingue del resto de sus compatriotas quienes quizá no comparten la misma sensibilidad para escribir y dirigir este tipo de historias.

Calificación: ***

Título original: Capharnaüm (Capernaum)

Año: 2018

País: Líbano, Estados Unidos

Dirige: Nadine Labaki

Con: Zaid Al Rafeea y Yordanos Shiferaw

 

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