Reseña: Nouvelle Vague

Ficha de la película: Título original: Nouvelle Vague. Año: 2025. País: Francia, Estados Unidos. Duración: 105 minutos. Dirección: Richard Linklater. Guion: Holly Gent y Vincent Palmo Jr. Reparto: Guillaume Marbeck, Zoey Deutch, Aubry Dullin, Jodie Ruth-Forest, Antoine Besson, Adrien Rouyard, Bruno Dreyfürst y Benjamin Clery.

A punto de cumplir 30 años, Jean-Luc Godard (Guillaume Marbeck) teme que su primera oportunidad para realizar un largometraje se haya esfumado por completo. Mientras el resto de sus compañeros de trabajo – François Truffaut, Claude Chabrol, Jacques Rivette y Éric Rohmer – han logrado dar el salto de críticos de cine a célebres directores, éste continúa relegado al análisis de los filmes de otros cineastas, labor que desempeña para la legendaria revista Cahiers du Cinéma. Solo un milagro podría cambiar el rumbo de su vida. Uno que, sin imaginarlo, llega meses más tarde de forma inesperada con el nombre de The 400 Blows. El debut de su amigo Truffaut en el Festival de Cannes de 1959 ha despertado el interés de Georges de Beauregard, un productor de cine que está dispuesto a poner en riesgo su capital para financiar su ópera prima, siempre y cuando ésta cumpla con una sola condición: apegarse a los estándares de esas obras cinematográficas de finales de los años cincuenta que comenzaban a dar forma al movimiento artístico que pronto sería conocido a nivel internacional como la Nueva Ola del cine francés.

Con un presupuesto que apenas alcanza para cubrir 20 días de rodaje, el joven Godard se da a la tarea de reclutar rápidamente al reparto y al equipo de producción que formará parte de Breathless (À Bout de Souffle). La mayoría del conjunto es tan principiante como éste, pero posee la misma pasión y energía por romper ese molde tan tradicional impuesto por el Hollywood de la época de oro. El entonces desconocido Jean-Paul Belmondo (Aubry Dullin), quien ya había colaborado con el novel director en uno de sus cortometrajes previos, sería el encargado de dar vida a Michel Poiccard, el protagonista del filme, mientras que la actriz estadounidense Jean Seberg (Zoey Deutch), una estrella en ascenso cuya corta trayectoria había sido trazada al lado de importantes y laureados realizadores como Otto Preminger y Jack Arnold, encarnaría a Patricia Franchini, su amante. Ambos aceptan la descabellada propuesta de este desenfadado thriller como un pago de favores, sin sospechar que están a punto de participar no solo en una de las filmaciones más inusuales, sino también en una de las cintas que revolucionará la historia del séptimo arte.

Sin un guion definido y sin largas horas de ensayo, la caótica producción se transforma de inmediato en un juego infantil de improvisación, donde la arrogancia y la genialidad de Jean-Luc chocan, dictando las normas tan absurdas que echan por la borda todos y cada uno de los principios que han definido al cine por más de medio siglo. Convencido de brindar al público un lirismo que cada vez está más ausente en los estrenos que desfilan por las salas cinematográficas, Godard ha adoptado un estilo que pretende apegarse lo más posible a la realidad, aún y cuando eso conlleve a tener tomas imperfectas, grabadas en el primer intento, o errores de continuidad tanto en el vestuario como en los objetos que adornan el set. Después de todo, el mundo en el que vivimos es igual de incoherente, así que retratar un poco de ese «desorden natural» es lo más cercano a la autenticidad que tanto busca plasmar en celuloide. Entre arrebatos, peleas y desacuerdos, todos los involucrados están convencidos que el resultado final pondrá un alto definitivo a sus promisorias carreras.

Quienes no hayan estado viviendo debajo de una roca por más de sesenta años sabrán que el desenlace de la historia fue uno totalmente distinto al esperado: Breathless se convirtió en el bastión de la Nueva Ola Francesa y en todo un referente cinematográfico que, hasta la fecha, continúa inspirando a cientos de cineastas alrededor del mundo. Una revolución que el realizador americano Richard Linklater homenajea con el respeto y el amor que se merece, y que únicamente otro amante del séptimo arte sería capaz de conjurar. Al igual que Godard, Linklater ha dedicado las últimas tres décadas de su carrera como director siempre en busca de innovar, especialmente en el terreno del cine independiente. Ya sea rodando una cinta por más de diez años para estudiar el verdadero significado de crecer (Boyhood), o aplicando nuevas técnicas de animación para alcanzar una precisión más realista (A Scanner Darkly), éste se ha consagrado como uno de los principales promotores de relatos que invitan al entretenimiento y a la reflexión sin traicionar su carácter auténtico.

Nouvelle Vague toma como referente el estilo visual de la cinta debut de Godard para brindarnos una experiencia cinematográfica en blanco y negro, con una edición frenética, y un acompañamiento de música jazz que nos transporta efectivamente hasta las calles de París de finales de los años cincuenta. El guion, a cargo de Holly Gent y Vincent Palmo Jr., y adaptado por Laetitia Masson y Michèle Pétin, sigue la línea de los trabajos más memorables de Linklater, lleno de diálogos ocurrentes, largas conversaciones, y un desfile de incontables personajes que harán sonreír a los cinéfilos de hueso colorado. Todo ello se combina con la química excepcional del elenco. Muchos de los actores son nuevos talentos que participan en cine por primera vez. Guillaume Marbeck es todo un descubrimiento, al igual que Aubry Dullin. Y aunque Zoey Deutch no es ninguna extraña, su labor aquí es una de las más destacadas de su carrera, brindándonos una versión del mismo personaje interpretado por Kristen Stewart hace seis años.

No cabe duda alguna que Nouvelle Vague es un tributo hecho por alguien apasionado por el cine con dedicatoria especial para todos aquellos que hallamos en este arte algo más que un simple pasatiempo o distracción. Como alguien que escribe sobre cine, y que además ama el cine francés, la película pareciera haber sido realizada justo para satisfacer mis preferencias. De principio a fin, Nouvelle Vague conquistó mi corazón al mostrar un poco de esa magia que no vemos, pero que existe detrás de cámaras, capaz de inmortalizar historias, escenas y personajes. Un relato sobre cómo, para bien o para mal, uno es el dueño de las decisiones derivadas de su propia intuición, y de cómo las revoluciones más importantes son aquellas guiadas por los instintos de personas arriesgadas, sin miedo a cuestionar las reglas, salirse de los patrones convencional, y echar a volar su ingenio.

Nouvelle Vague formó parte de la Selección Oficial de la edición 78 del Festival de Cannes, efectuada del 13 al 24 de mayo del 2025.

(3.5 estrellas de 4)

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