Reseña: The Shrouds

Ficha de la película: Título original: The Shrouds. Año: 2024. País: Canadá, Francia. Duración: 119 minutos. Dirección y guion: David Cronenberg. Reparto: Vincent Cassel, Diane Kruger, Guy Pearce y Sandrine Holt.

«¿Qué hago con mi dolor?», cuestiona Karsh (Vincent Cassel) a su dentista, luego de que éste le dice que su profunda tristeza ha acelerado la putrefacción de sus dientes. Y es que el protagonista aún no ha logrado superar la pérdida de su esposa, quien falleció tras enfrentar una larga batalla contra el cáncer. Tal ha sido el vacío provocado por la ausencia física de su mujer que el reconocido empresario ha decidido invertir su capital en la fundación de GraveTech, una compañía de tecnología cuyas ideas son tan revolucionarias como inquietantes. El servicio ofrecido por la startup consiste en proveer un innovador sudario, compuesto por varias cámaras, el cual es controlado a través de una aplicación móvil que permite al cliente observar de cerca la descomposición de los cadáveres de sus seres queridos. Un concepto voyerista que además de ayudar a superar el duelo, concede la oportunidad – aunque perturbadora – de mantener un vínculo estrecho más allá de la muerte.

Entre la obsesión por analizar a detalle los restos óseos de su esposa, sus conversaciones diarias con Hunny, una asistente virtual propulsada por inteligencia artificial que suena tal y como Becca, y las pesadillas recurrentes en las cuales el cuerpo tan frágil de su mujer, amputado y cubierto en cicatrices, le impide acercarse a ella, Karsh vive atado a un doloroso pasado que no lo permite seguir adelante. Atormentado por quizá haber apresurado el declive físico y mental del amor de su vida a través de los experimentos médicos a los cuales fue sometida. Arrepentido por no haber tenido el tiempo suficiente para despedirse, para cumplir todos esos sueños que alguna vez habían imaginado juntos. Terry (Diane Kruger), la hermana gemela de su cónyuge, ha intentado, en vano, hacerle ver el daño que puede llegar a ocasionar su fijación con la muerte. Uno que lo ha llevado a vivir en un constante estado de paranoia.

Su locura se vuelve todavía más real luego de que varias tumbas del novedoso cementerio a su cargo son profanadas. Con la ayuda de Maury (Guy Pearce), su cuñado, un experto en ciber-seguridad adepto a las teorías de conspiración, el autodenominado tecno-ateo comienza a involucrarse en una riesgosa investigación con tal de hallar a los responsables del ataque y entender sus motivaciones. Una averiguación donde el lado oscuro de la tecnología, tanto su capacidad para convertirse en un arma de vigilancia que pueda ser utilizada indebidamente por agentes maliciosos como el perjuicio que ésta ocasiona al medio ambiente, termina envolviéndolo, cual lienzo para difuntos, en un espiral de intriga internacional, política y corporativa. Un rompecabezas detectivesco que le llevará a confrontar sus más grandes miedos y a hacer las paces con un pasado que le resulta imposible de olvidar y perdonar.

En The Shrouds, el maestro del terror corporal David Cronenberg (Crimes of the Future) nos presenta una de sus obras más personales. La historia, inspirada por el fallecimiento de su esposa, es un ejercicio catártico que le permite examinar sus emociones, haciéndolo de una manera tan única como solo éste sabe hacerlo. Su sello tan particular, tanto a nivel visual como narrativo, está presente en cada instante del filme. En especial, en las secuencias de sueño donde lo escandaloso y lo lírico convergen. Un erotismo que contrasta con la asexualidad del mundo virtual. Un romanticismo que desentona con la frialdad de un cuerpo inerte. Una mirada futurista que choca con las inquietudes tan ancestrales sobre la vida y la muerte que han robado el sosiego a los humanos desde el inicio de los tiempos.

A pesar de su interesante premisa, es una lástima que The Shrouds nunca se decida qué tipo de relato quiera contarnos. Lo que arranca como un filme sobre el proceso tan íntimo de duelo pronto desemboca en un thriller paranoico donde hackers rusos y chinos se convierten en los principales enemigos del protagonista. Cada diez minutos, Cronenberg pareciera elegir un nuevo tema a desarrollar, para luego dejarlo a media cocción antes de pasar al siguiente de una lista interminable que incluye desde conspiraciones ambientalistas hasta sospechas sobre un mundo futuro controlado por la inteligencia artificial. Todo ello retratado a manera de promocional de dos horas de duración de automóviles Tesla, en el cual se hace hincapié a sus características autónomas y vanguardistas.

Desafortunadamente, las actuaciones no logran salvar a la película de su narrativa intrincada y de sus giros disparatados. Es probable que sea parte de las órdenes del director, pero simplemente tuve dificultad para conectar con las interpretaciones tan desligadas de toda emoción. Desde Cassel, quien personifica a Cronenberg con todo y su look habitual, hasta Kruger y Pearce, este último en un rol totalmente desperdiciado, el trabajo del elenco es tan perfunctorio que resulta desconcertante. Aunque es innegable el reconocimiento del realizador por entregarnos algo original, arriesgado y provocador, sobre todo en tiempos en los que la industria cinematográfica recompensa lo convencional, The Shrouds termina siendo demasiado superficial para cautivar a los consumidores que buscan un cine más intelectual, y demasiado letárgico para llamar la atención de quienes acuden al séptimo arte en favor de escapismo y entretenimiento.

The Shrouds estrena en cines de Estados Unidos a partir del 25 de abril del 2025.

(2 estrellas de 4)

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