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Reseña – Mank

Citizen Kane (El Ciudadano Kane) es considerada por muchos como la máxima obra cinematográfica en la historia de Hollywood. Para finales de los años treinta, Orson Welles había ganado fama de prodigio en el mundo del teatro y de la radio estadounidense, gracias a la popular adaptación de la novela de ciencia ficción The War of the Worlds, llamando la atención de los altos mandos de los grandes estudios de la llamada época de oro del cine norteamericano . A sus 25 años, el joven Welles recibió total libertad por parte de RKO Pictures para dirigir, producir, actuar y escribir su ópera prima, inicialmente titulada American. La cinta nos cuenta la historia de un solitario magnate de los medios de comunicación, Charles Foster Kane, quien momentos antes de fallecer murmura la palabra ‘rosebud’. Intrigado por descifrar el misterio detrás de lo que pareciera un intrincado acertijo, un reportero se da a la tarea de investigar la vida del empresario, entrevistando a compañeros e íntimos amigos, y llevándonos, a través de una serie de flashbacks, a conocer la verdad detrás de la figura pública.

A pesar de haber permanecido en la memoria colectiva como uno de los grandes clásicos de Hollywood, el estreno de Citizen Kane en el año 1941 estuvo acompañado de varios tropiezos, y siempre rodeado de controversia. Las similitudes entre el personaje central del filme y William Randolph Hearst, dueño del conglomerado nacional más grande de periódicos y otros medios de comunicación, provocó que éste se encargara de desprestigiar el trabajo de Welles. ¿El resultado? Citizen Kane fue un rotundo fracaso de taquilla para la RKO. Un año más tarde, la película se haría acreedora al premio Oscar en la categoría de Mejor Guión Original, misma que Orson compartía con el escritor Herman J. Mankiewicz, y que sería el inicio de una nueva controversia. Tres décadas más tarde, en 1971, la crítica de cine Pauline Kael escribiría en su libro titulado Raising Kane una serie de ensayos en los que cuestionaría el rol del aclamado actor, productor y director en el guion de su obra maestra, citando a Mankiewicz como el único y verdadero autor de la producción cinematográfica.

En Mank, el director David Fincher (Gone Girl, The Social Network) busca ahondar en dicha controversia, enfocándose principalmente en el proceso creativo del guion de Citizen Kane, y no tanto en el rodaje del filme, cuyo revolucionario estilo visual sirve de inspiración para la extraordinaria fotografía en blanco y negro que acompaña a la más reciente producción de Netflix. Para ello, el realizador retoma una historia escrita por su padre Jake Fincher hace más de treinta años la cual, además de esclarecer los rumores sobre el origen y la autoría de Kane, también examina la vida personal de Mankiewicz y su relación con los estudios MGM a través de viñetas y flashbacks que rinden homenaje a la estructura narrativa de la obra máxima del guionista.

Tras sufrir un aparatoso accidente automovilístico que lo deja postrado en cama, Herman J. Mankiewicz (Gary Oldman) recibe la inesperada visita de Orson Welles (Tom Burke) en el hospital donde éste convalece. El prodigioso director extiende una sincera invitación a Mank, apodo con el que se le conoce, para escribir su debut cinematográfico en Hollywood. El guionista acepta la proposición, con la condición de no recibir crédito alguno por la autoría del filme. A sabiendas del severo problema de alcoholismo de Herman, Welles traslada al escritor a un lugar aislado del bullicio de Los Angeles para que éste se concentre en su recuperación y en la redacción del primer borrador. Bajo el cuidado de su secretaria personal Rita Alexander (Lily Collins), Mank comienza a escribir American, una obra inspirada en los maquiavélicos planes del magnate Hearst (Charles Dance) y del jefe de MGM, Louis B. Mayer (Arliss Howard), con quienes solía socializar, para manipular el sufragio en California en 1934.

Fincher, quien había estado alejado de los reflectores por seis años, rinde tributo a la época de oro del cine norteamericano con una fiel y perfeccionista recreación del Hollywood de antaño. A nivel técnico, la manufactura de Mank es impecable: vestuarios, diseño de producción, música y fotografía. La película no solo tiene el look de un producción de los años cuarenta, con todo y los famosos cigarette burns que indicaban al encargado de proyección el cambio de carrete, sino también su mezcla de sonidos y de diálogos.

Los amantes del séptimo arte seguramente regocijarán ante las constantes referencias a filmes, actores, directores, escritores y productores de la época. No obstante, el realizador también aprovecha la ocasión para mostrar un lado más oscuro y siniestro de Hollywood, escondido detrás de la artificialidad y extravagancia de sus mega producciones. Temáticas que resultan extrañamente relevantes con los tiempos que vivimos, en donde la distorsión de la verdad con fines políticos se ha convertido en una práctica descarada y permisible. Donde aquellos con una posición de poder privilegiada utilizan su influencia para inmiscuirse en el ejercicio de la democracia para beneficio de sus intereses, sin importarles el bien común. Aunque Mank se nos presenta como un personaje imperfecto y lleno de defectos, Fincher crea en su persona una especie de héroe que utiliza su talento – la escritura – como arma para desenmascarar los abusos y la falta de escrúpulos de las élites. Una película que explora el impacto y el poder que posee la industria cinematográfica en la sociedad.

Sorprendentemente, Mank es mucho más cómica de lo que esperaba. Parte de ello se debe al trabajo del ganador del premio Oscar Gary Oldman, quien añade una considerable dosis de humor y sarcasmo a un personaje solitario y renegado que se siente en el ocaso de su carrera. Amanda Seyfried es excelsa como Marion Davies, la esposa del millonario Hearst que logra una carrera como actriz gracias a las influencias de su marido en Hollywood, y quien forma un vínculo estrecho con Mankiewicz en las suntuosas reuniones sociales. Davies admira la ironía y la valentía del escritor, mientras que éste pareciera ser el único que ve en la joven su inteligencia y su ambición. Tuppence Middleton también brinda una fantástica actuación como Sara, la esposa del protagonista.

Quienes vayan en busca de un preciso detrás de cámaras del rodaje de Citizen Kane saldrán un tanto decepcionados. Además de su legítima lección de historia sobre la época de oro del cine en Hollywood, Mank es una cinta que explora los roles tan importantes que juegan tanto directores como escritores. Al igual que en la obra de Welles, Fincher tomó un guion escrito por alguien más, en este caso su padre, fallecido en el 2003, y lo filmó bajo su propio sello y estilo personal. El resultado final es una sinergia de la creatividad de ambos. Para que una película funcione, un buen guion requiere de un buen director y viceversa. Por lo tanto, su postura ante la controversia generada por los ensayos de Kael es clara. No obstante, la intención de Fincher en Mank pareciera ir más allá: recordarnos que el éxito de un filme se debe al trabajo en conjunto de un equipo de colaboradores. Mucha veces, el éxito de Citizen Kane lo asociamos exclusivamente con Orson Welles, olvidando que, en realidad, la visión tan revolucionaria de éste no hubiera sido la misma sin el talento y la creatividad de aquellos que también colaboraron, tras bambalinas, en el proyecto cinematográfico.

Calificación: ****

Título original: Mank

Año: 2020

País: Estados Unidos

Dirige: David Fincher

Con: Gary Oldman, Amanda Seyfried, Lily Collins, Arliss Howard, Tuppence Middleton, Tom Burke y Charles Dance

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