Wicked guarda un lugar especial en mi corazón. Además de haber sido la primera producción que tuve la oportunidad de disfrutar en vivo y en directo desde Broadway, su magia fomentó mi pasión por el teatro musical, permitiéndome descubrir ese encanto tan efímero e irrepetible que cada noche se conjuga en la intimidad del escenario. Estrenada en la ciudad de Nueva York en el año 2003, la obra se convirtió de inmediato en todo un éxito comercial, ganándose a pulso el cariño del público gracias a sus melodías entrañables, y catapultando las carreras de sus dos protagonistas: Idina Menzel y Kristin Chenoweth. Era cuestión de esperar para que Hollywood decidiera trasladar las aventuras de Elphaba y Glinda a la pantalla grande, tal y como lo habían hecho previamente con otros espectáculos musicales (Chicago y Les Miserables, por mencionar algunos). Y aunque la anticipación estuvo plagada de incertidumbre, sobre todo tras el estrepitoso fracaso de Cats, me resulta un verdadero placer comunicarles, queridos Ozians y fanáticos del show, que la adaptación cinematográfica no solo consigue desafiar la gravedad, sino que también logra elevar el material original hacia nuevas alturas sin llegar a desvirtuarlo.
Quienes no estén familiarizados con Wicked, la historia, basada en la novela homónima de 1995 escrita por Gregory Maguire, ofrece una divertida y conmovedora re-interpretación del clásico infantil The Wonderful Wizard of Oz, el cual, a su vez, sirvió como fuente de inspiración. Al ritmo de la operática No One Mourns The Wicked, la primera de las melodías compuestas por Stephen Schwartz, la cinta nos traslada al mágico mundo de Oz momentos después de que Dorothy derrocó a la malvada bruja del oeste con la ayuda de una cubeta de agua. Glinda (Ariana Grande-Butera), «la bruja buena», desciende del cielo dentro de una burbuja para compartir la extraordinaria noticia a los habitantes de Munchkinland. Pero mientras el pueblo celebra con júbilo el triunfo del bien, la rubia hechicera intenta disimular su tristeza ante los eventos ocurridos. «¿Es verdad que eras su amiga?», le cuestiona uno de los aldeanos, dando pie al inicio de un relato que busca descifrar una sola interrogante: ¿Se nace malvado, o uno aprende a serlo con el paso de los años?.
Es así como Glinda nos lleva de la mano hasta la academia Shiz, una institución de prestigio en el ámbito de la hechicería, donde su vida y la de Elphaba (Cynthia Erivo) se cruzan de forma inesperada. Tras un malentendido, ambas terminan compartiendo el mismo dormitorio, a pesar de suplicar con insistencia a Madame Morrible (Michelle Yeoh), la directora de la universidad, una permuta. Sus diferencias tan marcadas las convierten de inmediato en rivales. Glinda envidia los poderes mágicos que Elphaba posee, los cuales le han otorgado cierto privilegio entre el profesorado. Elphaba, por su parte, anhela tener la seguridad con la que su compañera de cuarto se conduce por los pasillos y canales del liceo, los cuales evocan los paisajes de Venecia. Desde pequeña, la protagonista ha sido víctima de discriminación y burlas por el color verde de su piel, y ha cargado en silencio con la culpa de la condición física que mantiene a su hermana Nessarosse (Marissa Bode) atada a una silla de ruedas. No obstante, un acto de generosidad hará que ambas entiendan que son más idénticas de lo que pensaban. Las dos comparten los mismos sueños y ambiciones, y pronto, el mismo interés amoroso: Fiyero (Jonathan Bailey), un apuesto príncipe recién llegado al colegio.
Convencida de que los poderes de Elphaba podrían ser de gran utilidad para el resto de los habitantes de Oz, Madame Morrible consigue que ésta sea recibida por el espléndido pero ermitaño mago (Jeff Goldblum siendo Jeff Goldblum), quien funge cual monarca de la Ciudad Esmeralda. En compañía de Glinda, la protagonista se embarca en una emocionante aventura con la finalidad de resolver una problemática importante y muy cercana a su corazón. Resulta que los animales del reino han ido perdiendo la capacidad de comunicarse y muchos han sido arrestados injustamente a consecuencia de ello. Sin embargo, al descubrir que su magia tiene la capacidad de ser utilizada para fines opuestos a sus propios principios, la joven deberá encontrar la fuerza en sí misma para mostrarle al pueblo entero quién es el verdadero enemigo.
Encantadora de principio a fin, Wicked adapta únicamente el primer acto de la obra, lo cual permite ahondar en ciertos detalles, como la infancia de Elphaba o el misterioso virus que aqueja a los animales de Oz, que la puesta en escena se ve limitada a explorar por completo. Dana Fox y Winnie Holzman, quien es la responsable del libreto de la producción de Broadway, expanden el universo de manera efectiva, conservando los momentos más adorados por los fanáticos, añadiendo una dosis extra de humor, y rindiendo un digno tributo al fenómeno de la cultura popular. Jon M. Chu, director de Crazy Rich Asians e In the Heights, nos entrega la Harry Potter-ificación de Wicked, una versión que entiende a la perfección la escala del espectáculo musical y sienta las bases de un relato de proporciones épicas, lleno de magia y mucho corazón.
Desde los vestuarios y el diseño de producción, hasta la increíble mezcla de efectos visuales y prácticos, la adaptación cinematográfica sorprende y cautiva en cada giro. Sus casi 3 horas de duración transcurren ágilmente, intercalando los emblemáticos números musicales y re-imaginándolos de forma inventiva y cinética, sacando provecho a las oportunidades tan singulares que brinda el medio. Y aunque la fotografía, especialmente en la ejecución de Dancing Through Life, resulta un poco sobreexpuesta, dando una constante ilusión de neblina que evita el aprecio completo de cada particularidad de sus intrincados sets, dichos tropiezos se absuelven ante el poder de la música y de las interpretaciones vocales del elenco.
Bastan un par de estrofas de la icónica canción The Wizard and I para que Cynthia Erivo demuestre el porqué su Elphaba es uno para los libros de historia. Erivo transmite el dolor y la bondad de su personaje con tremenda potencia y sinceridad, y su química con Ariana Grande-Butera es sensacional. La cantante, quien ya había realizado su debut en cine hace un par de años en la película Don’t Look Up, nos brinda una de las mejores actuaciones cómicas del año, sin restarle impacto a los momentos de seriedad en los cuales ésta y su co-protagonista consiguen hacernos romper en llanto. El talento vocal de ambas está en total despliegue en la ya conocida Defying Gravity, pieza que cierra con broche de oro esta primera parte del relato, misma que precede el intermedio en la obra de Broadway. El resto del reparto hace un gran trabajo: Jonathan Bailey derrite a cualquiera con su carisma, su voz y sus bailes, Michelle Yeoh es maquiavélicamente divertida, y Bowen Yang se roba varias carcajadas con sus hilarantes diálogos.
Quienes estén dispuestos a recorrer el camino de ladrillos amarillos, ya sea por primera o enésima vez (como lo fue en mi caso), encontrarán en Wicked una aventura llena de magia y entretenimiento para toda la familia. Una historia sobre el poder de la amistad y el aprendizaje que uno halla en las personas más opuestas. Las diferencias entre cada individuo nos enriquecen, y nos ayudan a crecer y a ser mejores, a observar el mundo desde una perspectiva distinta y a cuestionar los prejuicios que nos anclan con su sesgo. «Todos merecen una oportunidad para volar», exclama Elphaba en uno de los instantes más conmovedores del filme, en relación al hilo temático sobre la empatía y la importancia de la diversidad. Pero, sobre todo, Wicked es un verdadero crowd-pleaser que nos invita a aceptar las cualidades que nos hacen únicos, y a no tener miedo de mostrar y compartir nuestros talentos, siempre y cuando sean para el beneficio de los demás. Ahora solo resta contar los días para disfrutar de la segunda parte – y conclusión – de este épico cuento musical.
Wicked estrena en cines de Estados Unidos y México a partir del 22 de noviembre del 2024.

(3.5 estrellas de 4)
Ficha de la película: Título original: Wicked. Año: 2024. País: Estados Unidos. Duración: 160 minutos. Dirección: Jon M. Chu. Guion: Dana Fox y Winnie Holzman. Reparto: Cynthia Erivo, Ariana Grande-Butera, Jonathan Bailey, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum, Marissa Bode, Peter Dinklage, Ethan Slater y Bowen Yang.

Supongo que tendré que verla y el musical, yo leí el libro y es bastante oscuro y bien triste la verdad, también sus continuaciones, pero ¿un musical no puede ser triste? ¿O es una premisa que tenga un final feliz?