Reseña: Gladiator II – Gladiador 2

Han transcurrido 16 años desde la muerte del emperador Marcus Aurelius y sus grandes sueños de unión y libertad no han logrado trascender más allá de meras ficciones y delirios inalcanzables. Ni siquiera el sacrificio realizado por Maximus bastó para salvar al Imperio romano de la tiranía y la decadencia que han ido corrompiendo cada aspecto de la vida política, militar y social de la superpotencia. El legado de fortaleza y honor del general convertido en gladiador ha quedado en el olvido, y su nombre ha sido borrado de las páginas de la historia. En su lugar, la civilización ha abrazado la violencia como su lenguaje universal. Un idioma que domina tanto en los campos de batalla como en la arena del majestuoso Coliseo. El pueblo clama sangre, y sus líderes, con tal de saciar su apetito, continúan dándoles pan y circo: espectáculos bestiales que no hacen más que rememorar las glorias de un pasado que pareciera cada vez más lejano.

Tras la conquista territorial de Numidia, la última ciudad libre del continente africano, Lucius (Paul Mescal) es aprehendido por el ejército romano, encabezado por Marcus Acacius (Pedro Pascal), y trasladado hasta una de las provincias cercanas a la capital en calidad de esclavo. Ahí, éste asumirá su rol como gladiador, guiado por una insaciable sed de venganza. «La ira es tu don», le dice Macrinus (Denzel Washington), luego de observar la feroz actuación del joven en un salvaje enfrentamiento a muerte. Como ex-luchador, Macrinus ve en Lucius la oportunidad perfecta: el instrumento clave para ejecutar el acto final de su ambiciosa carrera política. Para ello, éste deberá convencer primeramente al protagonista de participar en los brutales torneos que los emperadores Geta y Caracalla han preparado como festejo de las recientes hazañas militares. A cambio, el hombre está dispuesto a negociar su libertad y, de paso, apoyarle en la planificación de su vendetta personal.

Al ingresar a la plaza monumental, Lucius no solo deberá enfrentarse a los rinocerontes y tiburones que ahora forman parte del sangriento show, sino también a su pasado. Como digno heredero del trono, éste deberá decidir entre perdonar a su madre, Lucilla (Connie Nielsen), por haberlo abandonado hace más de una década y reanudar la lucha por el sueño de libertad que tanto entusiasmó a su abuelo, o bien, dejarse llevar por los instintos más primitivos del hombre para consumar la promesa que juró cumplir a su difunta esposa mientras brinda un despliegue de rabia ante la cautiva audiencia que solo busca olvidar sus penas con una dosis de violencia extrema. Un dilema que será explotado de manera astuta por Macrinus, cuyas conspiraciones y juegos de poder le abrirán las puertas del Senado para ir escalando poco a poco los peldaños de una estructura política al borde del colapso.

En Gladiator II (Gladiador 2), Ridley Scott nos transporta nuevamente al Foro Romano para retomar la historia que dejó pendiente hace más de dos décadas, pese a que el interés colectivo por una secuela había sido prácticamente nulo durante todos estos años. Con sus cinco premios Oscar, incluyendo el reconocimiento a la Mejor Película del 2000, la primera entrega de Gladiator ha aguantado sorprendentemente el paso del tiempo, convirtiéndose en una de las cintas favoritas del público y de la crítica. Sus diálogos, la música de Hans Zimmer y Lisa Gerrard, y las actuaciones de todo el reparto han hecho que el filme continúe siendo una experiencia cinematográfica atemporal, entretenida y a la vez conmovedora. En resumen, una tarea difícil de superar en todos los aspectos, aunque con la ventaja de contar no solo con la pericia acumulada de Scott, sino también con los avances tecnológicos, capaces de reproducir con mayor fidelidad los fastuosos palacios de la ciudadela y los paisajes que fueron escenario de cruentas batallas.

Desde su primera secuencia, un épico (y extremadamente ruidoso) enfrentamiento naval, Gladiator II se distingue inmediatamente de su antecesora por su nivel más elevado de violencia. Y a pesar de que la puesta en escena resulta tan precisa como extraordinaria: desde las galeras remando a tope hasta el rugir de los cañones, los excesos pronto desenmascaran su verdadero propósito: distraernos de un guion flojo que se remite a iterar los temas tratados en la historia precursora sin tomar riesgo alguno. Es una apuesta segura de Scott, con efectos visuales más refinados – a excepción de las nuevas criaturas de pelea que parecieran haberse escapado de la arena de The Hunger Games – , y con un suntuoso diseño de sets y de vestuarios que concede un toque de realismo al relato, situado en el año 200. Sus 148 minutos de duración transcurren ágilmente y sus pomposos planos son acompañados por destellos de humor que aligeran la seriedad argumental, así como la brutalidad de las masacres.

Sin embargo, detrás de su llamativo empaque, el conflicto principal de Lucius no dista mucho del de Maximus, el protagonista de la entrega previa: ambos lo han perdido todo, incluyendo su libertad, y están dispuestos a ofrendar su vida con tal de cobrar venganza. Nos encontramos nuevamente ante un relato de honor y sacrificio, de hombres que juegan a ser dioses, salpicado de traiciones e intriga política, pero renovado por una dosis abundante de hipermasculinidad. Connie Nielsen y Derek Jacobi son los únicos miembros del reparto original que retoman los personajes que interpretaron hace 22 años, pero lejos de rendirles un homenaje, el guion se encarga de minimizar sus contribuciones. A diferencia de la primera cinta, Lucilla carece de autonomía, a la espera de que algún hombre la auxilie mientras ésta llora e inhala un manojo de lavanda. Un desaprovechamiento lamentable, en especial al tratarse del único personaje femenino con importancia en la historia.

El resto del elenco cumple, aunque su trabajo queda muy lejos de la mancuerna realizada entre Russell Crowe y Joaquin Phoenix. Paul Mescal brinda una actuación convincente, con la fuerza física necesaria pero un tanto débil en cuestión emocional. Algo más atribuible a su atropellado arco argumental que al talento histriónico que éste ha demostrado en ocasiones previas. Pedro Pascal desempeña su personaje sin problema, pese a que su participación sorprende por su brevedad. Denzel Washington nos ofrece a un Macrinus sagaz y extravagante y logra ganarse al público a pulso, consiguiendo incluso varios vítores en el proceso. Quienes desafortunadamente llevan lo caricaturesco a un extremo no tan puntual son Joseph Quinn y Fred Hechinger, los hermanos gemelos al frente de Roma, cuya versión malvada de Rómulo y Remo desencaja por completo del resto de sus compañeros.

Si bien Gladiator II no conduce la historia por noveles senderos, la película consigue justificar su existencia gracias a la maestría visual de Ridley Scott. Una epopeya que pese a no alcanzar el grado de perfección que caracterizó a la cinta predecesora, resulta gratamente divertida, con todo y su furia desmesurada. Por mucho, un relato más esperanzador que el anterior, algo que es bien recibido principalmente en esta época donde el peso de la incertidumbre ha llegado a ser asfixiante. Intemporal y precautoria, Gladiator II nos advierte también sobre cómo la indiferencia y la corrupción del espíritu humano pueden llegar a ser un coctel explosivo capaz de destruir los cimientos del imperio más grande del mundo.

Gladiator II (Gladiador 2) estrena en cines de México a partir del 14 de noviembre del 2024. La película llegará a las pantallas de Estados Unidos el próximo 22 de noviembre.

(2.5 estrellas de 4)

Ficha de la película: Título original: Gladiator II. Título en español: Gladiador 2. Año: 2024. País: Inglaterra, Estados Unidos. Duración: 148 minutos. Dirección: Ridley Scott. Guion: David Scarpa y Peter Craig. Reparto: Paul Mescal, Pedro Pascal, Connie Nielsen, Denzel Washington, Joseph Quinn, Fred Hechinger y Derek Jacobi.

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