Reseña: Evil Does Not Exist – El Mal No Existe

Ficha técnica de la película: Título original: Aku wa sonzai shinai. Título en inglés: Evil Does Not Exist. Título en español: El Mal No Existe. Año: 2023. País: Japón. Duración: 106 minutos. Dirección: Ryûsuke Hamaguchi. Guion: Ryûsuke Hamaguchi y Eiko Ishibashi. Reparto: Hitoshi Omika, Ryô Nishikawa, Ryûji Kosaka y Ayaka Shibutani. Distribución: Sideshow.

En medio de un elevado bosque colmado de pinos, robles y lárices, cuyas ramas aún lucen cubiertas por una liviana capa de nieve, yace el pequeño poblado de Harasawa. Una comunidad armoniosa, situada a un par de horas de distancia de Tokio, donde el mal pareciera no tener cabida. Desde mediados del siglo pasado, tras el asentamiento de sus primeros habitantes, los lugareños desarrollaron un sistema equilibrado y respetuoso con su entorno, aprendiendo a co-existir con la fauna silvestre y protegiendo la pureza del agua que emana de sus manantiales naturales. «El balance es esencial», recalca el jefe del pueblo frente a una importante asamblea que ha congregado a la mayoría de los vecinos para discutir el futuro de su apacible y generosa villa. Consternados, los aldeanos buscan poner un freno a los planes de una corporación que pretende erigir un proyecto de glamping: un campamento con amenidades de lujo, el cual amenaza con irrumpir la estabilidad que tanto esfuerzo les ha costado obtener.

Dos trabajadores de la empresa Playmode han arribado al pueblo remoto con la intención de convencer a sus habitantes de los beneficios que traerá consigo la construcción del supuesto resort eco-amigable. Entre ellos, la considerable derrama económica al convertir la región montañosa en un cotizado destino turístico. No obstante, la única derrama que preocupa a los pobladores es la del tanque séptico que planean edificar, ya que éste contaminaría los mantos acuíferos y pondría en riesgo no solo su salud, sino también su fuente de sustento. Takumi (Hitoshi Omika), un padre soltero al cuidado de su hija de 8 años de edad, invita a los intrusos capitalinos a acompañarle en sus actividades diarias, con la esperanza que comprendan el fino balance que pretenden romper y que logren persuadir a sus superiores del daño irreversible que sus acciones podrían desencadenar. Si bien, la proposición permite a ambos empleados abrir los ojos y aceptar su ignorancia, el tono lúgubre en el que ésta termina pareciera indicar que cualquier empeño resultará en vano cuando la destrucción del hombre y la furia de la naturaleza se combinan en una fuerza poderosa e inevitable.

Con un estilo que asemeja al del género documental, el realizador japonés Ryûsuke Hamaguchi sucede su galardonado drama Drive My Car con la contemplativa y difusa fábula ecológica titulada Evil Does Not Exist (El Mal No Existe). Una reflexión taciturna sobre la relación tan intrínseca que existe entre el hombre y el medio ambiente, y la posible falacia al intentar salvaguardar el entorno cuando la propia naturaleza humana, con su inherente instinto de supervivencia, requiere del consumo de sus recursos finitos para subsistir. Aunque los habitantes de la región están en desacuerdo con la llegada de un nuevo inquilino, dicho proyecto no es tan distinto al arribo de los primeros pobladores al término de la Segunda Guerra Mundial, quienes también tuvieron que talar árboles para construir sus hogares, desplazando a los animales que vivían en la zona y provocando un desequilibrio al orden natural. Por más esfuerzos humanos que permitan alcanzar un balance armonioso o reducir el impacto de sus acciones, la naturaleza es la única que, en su sabiduría incuestionable, siempre acaba reclamando lo que le pertenece y devolviendo la estabilidad necesaria para que el mundo siga su curso.

Acompañado por la cautivadora música de la compositora Eiko Ishibashi y la fotografía transfigurante de Yoshio Kitagawa, Evil Does Not Exist nos hace partícipes de una serie de entrañables postales cuyo ritmo sosegado podría llegar a resultar desafiante para algunos espectadores. No obstante, quienes estén dispuestos a dejarse arropar por la experiencia sensorial y casi espiritual que Hamaguchi construye con su impecable destreza, encontrarán un relato que, como su título lo indica, nos invita a cuestionar la existencia de la maldad incluso en los lugares más idílicos. El filme sorprende con un final demasiado impreciso, que no solo desentona con el resto del mismo, sino que también deja la puerta abierta a múltiples lecturas e interpretaciones. En lo personal, me pareció una devastadora y sombría lección sobre la futilidad del hombre ante la implacable fuerza de la naturaleza. Perdemos el tiempo buscando frenar los ciclos inevitables de la vida, juzgando a los demás desde un falaz peldaño de superioridad moral, que olvidamos compartir los verdaderos y breves tesoros del mundo con los demás. Quizá el mal no exista como tal, pero sí la indiferencia y la falta de empatía que nos condenan a vivir en un mundo donde la armonía termina convirtiéndose en una utopía inalcanzable.

Evil Does Not Exist está exhibiéndose en cines selectos de Estados Unidos a partir del 3 de mayo del 2024, y continuará su recorrido y expansión por diversas salas y circuitos de todo el país durante el mes de junio.

(3.5 estrellas de 4)

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