El cardenal Lawrence (Ralph Fiennes) recorre a toda prisa los sombríos pasillos del Palacio Apostólico para ir al encuentro del Sumo Pontífice, cuyo estado de salud había ido deteriorándose rápidamente en días recientes. Sin embargo, la impaciente muerte le ha aventajado. Al llegar a la habitación, el cuerpo del Santo Padre yace inerte sobre su cama, mientras un grupo de sacerdotes, entre sollozos, se une a las plegarias en latín para dar inicio con los correspondientes ritos milenarios. Como decano del Colegio Cardenalicio, Lawrence deberá convocar de inmediato a un centenar de cardenales, representantes de distintas diócesis alrededor del mundo, para celebrar el cónclave: una reunión discreta y fuertemente custodiada cuyo objetivo final consiste en elegir al próximo sucesor de San Pedro. Recluidos en la Capilla Sixtina, y aislados por completo del mundo exterior, el grupo de obispos llevará a cabo los comicios tantas veces como sea necesario hasta que alguno de los candidatos alcance la mayoría de votos. Los resultados de cada ronda de sufragios serán anunciados a los feligreses, congregados en la plaza mayor del Vaticano, a través del humo proveniente de una chimenea. Una fumarada en color blanco indicará a los devotos que un nuevo papa ha sido elegido para continuar propagando la palabra de Dios.
Los nombres de seis obispos, entre ellos Lawrence, comienzan a barajarse entre los miembros de la secretiva asamblea. No obstante, el protagonista ha sido claro con sus compañeros al comunicarles que no está dispuesto a asumir dicha posición. Si bien su desempeño como administrador y organizador ha sido intachable, una serie de renovadas dudas sobre su fe y su vocación le han llevado a depositar su confianza – y por ende, su voto – en el cardenal Bellini (un extraordinario Stanley Tucci). Bellini, al igual que éste, representa a una facción más liberal de la congregación fundada por Cristo, la cual, por años, y bajo el mando del difunto pontífice, ha intentado reconocer los errores del pasado para lograr edificar las bases de una iglesia que continúe su fructuoso camino en el futuro. Una idea que no comparten varios de sus colegas más conservadores, provocando fracturas irreparables dentro de la principal estructura eclesiástica. Tedesco (Sergio Castellitto), cuya franqueza raya en la arrogancia, desea que la iglesia retorne a sus raíces italianas y a una ideología centralista y obsoleta, mientras que Adeyemi (Lucian Msamati), un obispo africano muy popular entre sus hermanos en la fe, se opone a las doctrinas más progresistas y tolerantes promulgadas recientemente.
Pronto, Lawrence se dará cuenta que está encabezando un rebaño de lobos astutos disfrazados de ingenuas ovejas. Ni siquiera en los espacios más sagrados, la ambición del hombre y su insaciable sed de poder tendrán sosiego. Entre intrigas, calumnias y maquinaciones tan perversas que uno jamás imaginaría de los más respetables discípulos de Dios, la lucha por obtener el título de Pontífice Máximo no dará tregua. La inesperada llegada de Benitez (Carlos Diehz), un enigmático cardenal de origen mexicano, hará que las sospechas y la incertidumbre del protagonista aumenten, mientras que los secretos que la hermana Agnes (Isabella Rossellini) guarda en el silencio de sus oraciones serán el combustible necesario para hacer estallar una reacción en cadena imposible de contener. Mientras la tensión y la desconfianza hierven al punto de ebullición dentro del recinto decorado por los frescos de Miguel Angel, afuera, en la plaza de San Pedro, la inquietud de la muchedumbre comienza a descontrolarse de igual manera, poniendo en amenaza la conclusión pacífica de tan ancestral protocolo.
Basada en la novela homónima del autor británico Robert Harris, Conclave (Cónclave) es un filme que se desarrolla con la intensidad y la precisión de un thriller político. De principio a fin, el lente de Edward Berger, director de la cinta multipremiada All Quiet on the Western Front, nos atrapa en sus fastuosas locaciones, dignas de reconocimiento por su impresionante diseño de producción, al igual que a los protagonistas del relato. Las atmósferas asfixiantes y oscuras de los corredores y los vestíbulos nos envuelven por completo, y cada sombra, cortesía de la atinada fotografía de Stéphane Fontaine, nos hace desconfiar incluso de los movimientos más sutiles que ocurren a nuestro alrededor. El ritmo de la película jamás decae, y ésta continúa sorprendiéndonos hasta los últimos instantes con una serie de giros y revelaciones que la elevan hasta la estratosfera celestial.
Hablando de divinidades, el trabajo de todo el elenco es un verdadero regalo caído del cielo. Ralph Fiennes encabeza el reparto con una fuerza descomunal que va creciendo conforme avanza el relato, permitiéndonos al mismo tiempo observar su propia batalla interna y su entrega incondicional por salvaguardar los principios de la institución que le ha formado. La labor de Fiennes se complementa a la perfección con la determinación y el carisma de Stanley Tucci, la siniestra ambigüedad de John Lithgow como el cardenal Tremblay, y la sutil pero últimamente explosiva actuación de Isabella Rossellini quien, con un solo diálogo, es capaz de desarmar por completo al grupo de hombres, y de argumentar con solidez uno de los temas recurrentes del filme sobre la naturaleza patriarcal de la iglesia y el rol de subordinación de las mujeres que forman parte de la congregación. Mientras estos discuten a gritos el futuro de sus parroquias, estas deben cumplir, en silencio, con las tareas domésticas que les fueron asignadas, tan esenciales para el funcionamiento correcto del engranaje eclesiástico.
Bastan unas cuantas manzanas podridas para que el resto de la cosecha se vea afectada. Algo inevitable, sobre todo si tomamos en cuenta la representación bíblica de dicho fruto como símbolo de la imperfecta naturaleza humana. Un desafío que no es único de las instituciones religiosas, sino también de aquellas organizaciones políticas y sociales que se rehusan a echar un vistazo a las normas que les rigen y adaptarse a las necesidades del mundo moderno. Entre renovarse o morir, muchas de ellas prefieren afianzarse a los últimos vestigios de poder que les quedan, aunque tal acción les lleve un paso más cerca de su propia extinción. Conclave es un relato en el que la muerte se convierte en una oportunidad para cambiar, para renacer. Un acto de contrición en el que la elección a tomar es clara: el camino del amor, la tolerancia y la paz, o un sendero donde la codicia, el poderío y la división han echado raíz.
Conclave (Cónclave) estrena en cines de Estados Unidos a partir del 25 de octubre del 2024.

(3.5 estrellas de 4)
Ficha de la película: Título original: Conclave. Título en español: Cónclave. Año: 2024. País: Inglaterra, Estados Unidos. Duración: 120 minutos. Dirección: Edward Berger. Guion: Peter Straughan. Reparto: Ralph Fiennes, Stanley Tucci, John Lithgow, Lucian Msamati, Sergio Castellitto, Carlos Diehz e Isabella Rossellini.
