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Reseña – Spencer

En 1981, Lady Diana Spencer contrajo nupcias con el príncipe Charles, hijo de la reina Elizabeth II y futuro heredero de la corona británica. Un enlace matrimonial que parecía haber salido de un auténtico cuento de hadas. La historia de amor de una plebeya convertida en princesa que cautivó al mundo entero. No obstante, detrás de la aparente felicidad captada por los reflectores de las cámaras fotográficas, la vida dentro del palacio real era más bien una pesadilla. En años recientes, las reveladoras declaraciones realizadas por Meghan Markle, duquesa de Sussex y esposa del hijo menor de Diana, Harry, han puesto en evidencia las conductas e ideas arcaicas de la monarquía inglesa, mismas a las que la fallecida princesa de Gales se opuso hace más de tres décadas.

«Una fábula de una tragedia real», anuncia el director Pablo Larraín (Jackie, Ema) a manera de prefacio en Spencer, una cinta biográfica fuera de lo común que nos introduce en la psique de Lady Di para conducirnos por un inquietante espiral de horror. Desde su arranque, el filme nos muestra el carácter fuerte e independiente de su protagonista, mismo que la ha puesto en jaque con las obsoletas tradiciones de una familia que se rehusa a vivir en el presente. Mientras el resto de los monarcas arriban a la casa de campo Sandringham con sus respectivos choferes y escoltas para celebrar la Navidad, Diana prefiere hacerlo por cuenta propia, manejando su carro deportivo. Al ingresar a una cafetería para pedir direcciones, los comensales la observan atónitos. Así es la princesa del pueblo: rebelde, sencilla y libre. Es por ello que se ha convertido en un dolor de cabeza para la corona, cuya imagen de perfección se ha visto manchada ante la espontaneidad y el carisma de la nueva integrante.

Durante los tres días siguientes, Diana (Kristen Stewart) se verá atrapada entre los laberínticos y elegantes pasillos de la mansión. Prisionera en su fría y oscura celda de oro, con las ventanas selladas para evitar la mirada indiscreta de los paparazzis, quienes intuyen que algo turbio sucede dentro del palacio. Todo es rigor y costumbre. Cada actividad meticulosamente planeada, cada gesto anticipado y cada vestimenta cuidadosamente seleccionada. La felicidad se mide por la cantidad de libras que cada uno de los asistentes aumentó luego de degustar tan exquisitos manjares, los cuales arriban a la casa de campo con una precisión militar, porque así lo dictó uno de sus antepasados hace siglos. Nadie se atreve a desafiar la tradición, excepto la protagonista, quien está al borde de la desesperación. Y es que en lugar de un sobrio festejo navideño, Diana añora una reunión casual e imperfecta con sus hijos, con regalos pequeños, y con una cena con pollo frito de KFC, en lugar de langostas.

Spencer es un relato conmovedor, perturbador y desolador sobre una de las figuras más queridas de la familia real británica. Un cuento de hadas convertido en alucinación que explora el desequilibrio emocional de la princesa de Gales ante la presión por conformarse a la tradición, a mostrarse indistinta ante la infidelidad de su marido, y a no tener autonomía sobre sus propias decisiones. Los trastornos alimenticios de la protagonista son del conocimiento público de la familia, pero nadie hace algo por ayudarla. Al contrario, su modista y única confidente Maggie (Sally Hawkins), quien realmente se preocupa por su bienestar, es removida de su cargo por órdenes del comandante Alistar Gregory (Timothy Spall), un enigmático hombre contratado por la reina para poner en regla a su nuera y evitar algún escándalo mediático.

Al igual que en Jackie, Larraín construye un drama psicológico que se aparta de la típica fórmula de la cinta biográfica. El guion, a cargo de Steven Knight, asume un cierto conocimiento previo sobre Diana y la corona inglesa, pero no requiere de un profundo dominio ni tampoco pretende convertirse en una lección histórica. Es, más que nada, un íntimo estudio de un personaje atrapado física y mentalmente en una situación ineludible. En un escenario sin futuro, donde el pasado – representado inteligentemente por la historia de Anne Boleyn – posee una función premonitoria. La fotografía, el diseño de producción, vestuario y sonido son excelsos. La música de Jonny Greenwood es aterradora, con sus ritmos de jazz distorsionados que reflejan el estado emocional de su protagonista.

Hablando de protagonista, Kristen Stewart es magnífica como la querida princesa de Gales. Su interpretación había causado gran expectativa gracias a las primeras imágenes lanzadas hace algunos meses, las cuales mostraban su caracterización como Lady Di. Sin embargo, dichas fotografías se quedan cortas en presentar la verdadera y maravillosa transformación de Stewart. Hay momentos en los que uno deja de ver a la actriz, y solo observamos a una Diana vulnerable, pero a la vez inquebrantable. Kristen se mete por completo en la piel del personaje, replicando sus manierismos a la perfección, y brindándonos la mejor actuación de su carrera. El resto del elenco realiza un trabajo sólido, complementando la labor de la joven intérprete protagónica.

Aterradora, desgarradora e introspectiva, Spencer es una fábula que muestra el lado oscuro de la realeza. Un anti-cuento de hadas que sirve como vehículo de lucimiento para Stewart y que nos permite apreciar la madurez de Larraín como realizador, posicionándolo nuevamente como una de las voces más visionarias y arriesgadas tanto en el cine latinoamericano como en Hollywood. Un biopic poco convencional que encuentra momentos de luz, esperanza y redención en un relato que, como todos sabemos, tiene un triste y trágico desenlace.

Spencer estrena en cines de Estados Unidos a partir del 5 de noviembre del 2021. Su estreno en cines de México y del resto de Latinoamérica está programado para el mes de enero del 2022.

Título original: Spencer

Año: 2021

País: Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Chile

Dirige: Pablo Larraín

Con: Kristen Stewart, Timothy Spall, Sally Hawkins, Jack Farthing, Sean Harris y Stella Gonet

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